Me sumerjo bajo el agua y empiezo a dar las primeras brazadas. Los movimientos en un medio que nos es hostil son más lentos, más pesados. Es una sensación similar a la que se tiene cuando sueñas que quieres correr y no puedes mover las piernas porque, en realidad, tu cuerpo está tumbado boca abajo y el colchón te impide desplazar las piernas adelante. Hacía días que no me tiraba al agua, hecho que agrava más esa sensación.
Los sonidos se ralentizan. Al igual que la luz. Es el fenómeno de la refracción. Las ondas cambian de velocidad cuando cambian de medio. El agua le pone cámara lenta a las cosas, al más puro estilo Matrix (no hay nada que la naturaleza no haya inventado ya). Y yo, como metido en uno de esos frames reduzco el ritmo de mis ideas, la velocidad de mis pensamientos. Si me despisto hasta se me olvida respirar. Una brazada, un metro de baldosas azules, un golpe de pies imaginándote las gotas de agua que escupen tras de sí, un metro de corcheras con forma de rosquilla, una respiración por el rabillo de la axila. Todo se vuelve más largo, más duradero; tiende a infinito.
Dicen que los peces no tienen más de cinco minutos de memoria. Pero es que, para ellos cinco minutos son demasiados recuerdos.

Mayo 8, 2007 a las 7:13 pm
Muy bueno!
Dependiendo de la intensidad con que uno vive,
cambia su tempo,
y el agua la aumenta por tener mayor densidad que el aire.
Personalmente no me gusta la palabra “hostil”,
a no ser que te refieras a una hostilidad solo física,
ya que el agua, como medio, me parece de lo más relajante.
A demás de ser el único medio dónde se ejercitan todos los músculos.
El aire, según la situación, puede resultar más hostil que el agua.
Mayo 9, 2007 a las 3:21 pm
Si, es hostil en el sentido físico, pues a mi me encanta el agua como medio, y si es de mar, mejor todavía.
Muy buena la relación que haces entre la intensidad de los actos y densidad del medio en el que se desarrollan.